El fragmento
leído del libro tibetano de la vida y de la muerte presenta la manera de ver y sentir tanto la vida como
la muerte, me llama la atención que en la sociedad tibetana se preparan para
la vida con el concepto de que un buen vivir conduce a lograr un buen morir y
que en el estilo de vida que llevemos se verá reflejado el
tipo de muerte que tendremos.
La
muerte no es el fin sino el comienzo de una nueva vida, una
reencarnación, debemos vivir
serenamente, en paz, en armonía y con humildad, teniendo en cuenta que con
nuestros actos nos preparamos de manera espiritual para morir. No es justo que valoremos la vida
solo en el momento en el que vamos a morir o nos enteramos que tenemos una
enfermedad terminal, desperdiciando así años valiosos y llenándonos de
arrepentimientos.
En
las sociedades capitalistas de occidente, nos preparamos en la vida para tener,
poseer, para competir, el valor de las cosas materiales prima sobre lo
espiritual; el desarrollo tecnológico
nos ha envuelto en un mundo
consumista, gracias a las redes
sociales nos hemos hecho seres, más superficiales, vacíos y solitarios,
lo importante para
muchos es “vivir” el hoy sin pensar en el mañana, el futuro y menos en llevar una vida sana que
permita trascender a una nueva vida después de la muerte, ese vivir ya no
se define como existir sino como la
posibilidad de experimentarlo todo (alcohol, drogas, sexo) negando de hecho los valores éticos y morales y toda
posibilidad de espiritualidad en contraste con las enseñanzas y el fin de las
prácticas tibetanas.
En
la cultura tibetana las prácticas diarias de meditación permiten elevar la espiritualidad y trascender,
así como adquirir seguridad, confianza y la comprensión de la naturaleza de la mente,
lo que ellos llaman la esencia intima, esa verdad que permite comprender la vida
y la muerte y estar preparados implica
tener esperanzas tanto en la vida como en la muerte a la que se ve no como una
derrota, el fin, sino como un triunfo, la vida.
Laura Alejandra Guarin D
Laura Alejandra Guarin D
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